Ante la iconografía de Remedios Varo
Deseaba que tramara con beldad,
conspiraciones la madrugada,
que me llevara con su voz rapaz
a los navíos que naufragan en la
discordia,
sugiriendo ceremonial en mi pecho
un fúnebre y pedido madrigal.
Dijo: yo soy la intimidad,
lindamente clausurada.
En una reflexión sagaz,
hirió de luna menguante mis días.
De mis secretos, en un capricho,
parí castillos y fantasmas en el
caudal.
Entonces de los sueños todo se tañía
para diluir la realidad en un puente
estrecho,
el del alma que se une tras un corte
raudal.
En este bosque, en esta alquimia, en mi
morada,
tu eres de la ciencia más lograda
la bella incomodidad que la guía,
para que me pierda ante las sabias
bestias
que aguardan oír de mi sorpresa la
obligada letanía.
Dijo: yo soy la intimidad, flama
sacerdotal,
vine a tocar en tu madero la luz que te
es impía,
vine a curar en tu sombra la raíz de
toda envidia,
de todo deseo, de toda furia, de todo
mal.

Comentarios
Publicar un comentario