Derivas ingenuas
I. Primera impression
Una salteña de pasión lenta dibuja
caballos de plata con el baile de un pañuelo blanco.
Donde el cerro prohibió el sendero, hoy
pregunto si mi sacrificio florecerá
cuando las nubes se vuelvan más sombra
que la sombra,
que el deseo mismo porque sea oro la
voz del sol.
Desde mis rencores las ruinas de adobe
se transforman en laberintos de cactus.
Pero y si ella quisiera celebrar que el
diablo ha nacido este día
yo con fuego de este suelo moldearía el
misterio
que ella canta zigzagueando las
columnas de la galería.
Así sus sombras me cantan cuentos y con
sus pañuelos me riman la desgracia.
¿Por dónde silba su paraíso y por qué
no me deja ser en su sonrisa?
Aparece en un sueño muy tronado de
peñas y penas clandestinas,
ido de moto en tropel hacia el pasado y
la cruz que fermenta en su boca.
Me dio unas hojas de coca, las contó
suavemente y adormecido
me entregue a las caricias del embrujo
¿Dónde podre despedirme de la cordura
cuando el umbral no se mencione en el cielo?
II. Muerte
Tu sonrisa es la mía y también la de
todas las cosas.
Sonrio cuando en tus ojos se provoca
la hermosa fiesta clandestina de los
pequeños placeres de la vida.
Reiremos por lo alto y ancho del
absurdo
hasta domar la locura con adivinanzas y
trabalenguas,
y secretísima será nuestra voluntad
de hacer del cuerpo del otro un parque
de diversiones
con nuestras miradas como plata y oro.
Será el encuentro que celebre el
sortilegio de amar
incluso los silencios de los que se van
sin saludar.
Y hoy hay sol, y puede si quiere llover
con un torrente de piedras
porque construiré un puente
inquebrantable de enero a enero
en la espera y anhelo de la guía de tu
voz inspirando nuevos sueños
para tropezar sin llorar y jugar en
escaleras de espiral.
Hay tantos juegos que me gustaría
inventar y en las que solo con pronunciar
las notas secretas de nuestros nombres
pudiéramos ganar.
Tu sonrisa es la caricia única que
nunca se ha dicho por escrito sin evocar metáforas.
Tu beldad es la dicha total que no
puedo capturar con palabras, es libertad.
Pero los sueños, los sueños…el gracioso
y caprichoso deseo
que nos mantiene con los ojos abiertos
a la belleza de las cosas.
III.
Fuga
Ovejas de solazo y casitas invisibles
en los cerros,
catedrales de piedra, pero las
nubes…las quiero ver en forma de corazón.
En Jujuy se rompe la serenata calma de
Salta.
Titánicos ejércitos de antropomórficas
rocas dan la bienvenida.
Aun así, geo-mórficamente violentas las
montañas en la ventana.
Una reseca paleta de pintar se estrella
en el polvo asesino de carnaval.
El corso recorre la avenida rumbo al
desentierro tras el puente de acero.
Tras la arenilla el misterio de quien
pueda a uno liberarlo de su encierro.
Una niña baila y sonríe, otra se
impresiona de los actos de los gauchos borrachos.
Una mujer baila y sonríe, otra llora
que se alejan estos días para siempre.
La espuma de los días que resiste, pero
ya no es divertido en los jóvenes.
Una pera verde piensa en eso y tiene
razón.
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