Para cuartos cerrados

La luz fuera

puede ser tan abominable

como la calma a solas.

 

Anticipándote a las salas vacías,

postergaste locuaz la verdad,

protegiendo tu luz que caía,

dijiste a la oscuridad: temblad.

 

Es necesario que te vayas por la cornisa

de la mano de la esperanza,

a veces el impulso de tus venas

es más fuerte que las alabanzas,

 

y si de esto algo entendemos

es que las furias más grandes

son las que se alimentan

de las tristezas de la vigilia.

 

Entre tus ojos y los míos hay un sonido,

el de dos espejos que no entienden la transparencia de la mentira

y reclaman a un ahogado

las carcajadas del vuelo de gaviotas en celo.

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