Deferencia con Leonardo - Cartas del siglo de oro

Me ha llegado tu carta, mi estimado Leonardo,

y te diré claro lo que pienso sobre esto que has escrito.

 

Por las emotividades que demuestras estas perturbado,

no eres princesa de cuento ni perro pulguiento

para desear tanto la caricia y el reconocimiento,

por otra parte inmerecido,

pero de eso no hablemos 

que tampoco merece la pena pensarlo.

 

Cuidado, pienso que eres un amigo, porque te cuido y abrazo,

aunque te desprecio y si me saludas en persona mirare a otro lado.

 

No he vivido lo necesario para escribirte tanto

como demandas de mi conocimiento,

pero te pido que una vez estes enterado

no molestes al cartero con otro encargo.

 

Como te decía quien no te correspondía,

nunca estamos solos, la verdad decía.

 

Ella generosa, te ha liberado de tu iconografía,

ganado ido, campo crecido para nueva ganancia,

tienes para la próxima amargura ganada experiencia,

si hubiera sido otra mujer, en verdad inquietante en tu vida,

conociéndote, esto sería un drama,

y las lagrimas apenas manchan tu legible caligrafía.

 

¿dónde está el arma que no guarda tu sien nerviosa y resbala?

¿dónde está el veneno que tu estomago no soporta y expulsa?

 

Por lo que veo en suerte tenemos el no preocuparnos más,

esto no te ha dejado más que una enseñanza, vaga,

pero la vida al fin es sacarle al infortunio una gracia.

 

Y bien sabes tú de lo adictivo

que hacen de la romería la chusma

a la que no se le descubrió el gato muerto.

Y bien sabes tú, los problemas que trae la gente,

sin que uno los tenga que llamar

ya mandan al correo su peste.

 

Y bien sabes tú, que eres tan inteligente como interpretas,

que con tu trabajo ganas el tiempo que desperdicias

escribiéndome las penurias adolescentes de tus rimas

que yo leo con paciencia contemplativa.

Leerás mis palabras ávidamente,

mientras mendigas a las musas una mirada,

pero sé que en el fondo quieres una cama

para apoyar el pudor de tu bien aconsejada amada,

y decirle al mundo: soy un hombre que es amado y ama.

 

Y te has creído tus propias palabras,

las de la dicha y las de lo malo del mundo solitario.

Si puedes trata de repetirte tus versos

con la solemnidad de un monstruo mítico

a ver si tu consigues tomarte en serio, porque yo ya no.

Las mentiras que te crees, si al menos alguien te hubiera engañado.

Esa es la soledad que tú dices y enseñas:

no hay quien te pinte el mundo tan solo

como tú mismo en tu propio espejo.

 

A veces te leo y me preguntas quién eres

¿que eres? lo que ya sabes y no me dices,

semilla putrefacta que la tierra esquiva.

 

Te mandare algo que escribo para una comedia,

es sobre la pérdida de tiempo en llorar la muerte de un actor.

 

-Ahora nos damos cuenta que era mejor muriendo de verdad,

que actuando que moría, y ellos lloraban…ingenuos,

-La verdad siempre gana, la ficción no convenció a su asesino,

sin lugar a dudas su mayor crítico.

-Se murió de vergüenza, dijeron las malas lenguas.

-Su tragedia fue morirse mejor de lo que vivió, escribió el rabino.

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