Fragmento de La Anunciacion del angel (2) - Homenaje a Hector Viel Temperley
Tu rostro, el acuerdo entre el cielo y el infierno para que sobre la tierra tu hagas tu obra
y yo bien sé que Tu rostro que ya ha sido amado y ha amado porque Tu rostro…
Tu rostro, el millar de perdigones que en un fusilamiento me consagra a la última disculpa y agradecimiento.
Tu rostro, el perdón que me falta por la complacencia en que me regodeo sin culpa por ver Tu rostro, desnudando toda falacia, preservando la última espiga de eslava llama
y es que Tu rostro es la certeza de que las estrofas se suceden unas a otras porque Tu rostro da orden al mundo en que no creía hasta que me entendí en Tu rostro
y tengo que decir que yo sin Tu rostro me confundo las esquinas, los nombres de las calles son indefendibles porque a Tu rostro no lleva ninguno de los caminos,
y si por alguna cuestión intentara olvidar Tu rostro seria para mi gran desgracia ya que Tu rostro ha tomado el rostro de mi dicha diaria y es que no podría dejar de repetir con esta alteración máxima contra todo pavor, fuerza y energía que retumba como escuadrón de tambores y trompetas en mi exacerbado pecho porque Tu rostro ha tomado sin piedad y sin querer todo el amor que desconocía por el mundo.
No te ofendas, ni te asustes de mis ansias, ni te preocupes por mí, yo ya me he salvado cuando tu rostro,
Tu rostro es la consagración de la belleza que reconozco en esta tierra.
Por tocar ese Tu rostro yo te escribo lo mismo, lo mismo, pero solo diciéndolo así entenderás que Tu rostro es para siempre Tu rostro.
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