Me ha llegado tu carta, mi estimado Leonardo, y te diré claro lo que pienso sobre esto que has escrito. Por las emotividades que demuestras estas perturbado, no eres princesa de cuento ni perro pulguiento para desear tanto la caricia y el reconocimiento, por otra parte inmerecido, pero de eso no hablemos que tampoco merece la pena pensarlo. Cuidado, pienso que eres un amigo, porque te cuido y abrazo, aunque te desprecio y si me saludas en persona mirare a otro lado. No he vivido lo necesario para escribirte tanto como demandas de mi conocimiento, pero te pido que una vez estes enterado no molestes al cartero con otro encargo. Como te decía quien no te correspondía, nunca estamos solos, la verdad decía. Ella generosa, te ha liberado de tu iconografía, ganado ido, campo crecido para nueva ganancia, tienes para la próxima amargura ganada experiencia, si hubiera sido otra mujer, en verdad inquietante en t...